Las empresas familiares son el latido y la savia que nutre el panorama empresarial de España, demostrando cada día que el vínculo entre familia y negocio puede convertirse en un motor de crecimiento sostenible.
En el tejido empresarial español, las empresas familiares representan 92,4% del tejido empresarial español, superando el millón de compañías. Este peso no solo se refleja en la cantidad, sino en la calidad del empleo y la riqueza generada.
Con una generación de empleo que alcanza el 70% del empleo privado —más de 10,2 millones de puestos de trabajo—, estas organizaciones muestran una capacidad de absorción de talento y de adaptación a los vaivenes del mercado que supera notablemente a otras formas societarias.
Por su parte, su contribución al Valor Añadido Bruto alcanza entre el 57,2% y el 57,8% del VAB privado, lo que equivale a más de 560 000 millones de euros. Desde 2015, han crecido 3,6 puntos porcentuales en número de empresas, consolidando su posición como pilar de la economía.
La edad media de estas empresas ronda los 30 años y su tasa de supervivencia a diez ejercicio es del 77%, frente al 73% de aquellas sin raíz familiar. En el caso de las grandes compañías, la supervivencia asciende al 83%.
Su gestión orientada al largo plazo y eficiencia en recursos les permite crecer a un ritmo anual del 7% en valor añadido —el doble que el Mercado Continuo—, con retornos sobre capital 0,5 puntos superiores y volatilidad de ingresos 2 puntos inferior.
Además, han demostrado una mayor capacidad de crecimiento de empleo neto, registrando tres puntos porcentuales adicionales frente a las cotizadas, lo que confirma su rol de pilar de cohesión social e innovación.
A pesar de su robustez, las empresas familiares enfrentan retos complejos ligados a la transmisión del legado:
Sucesión generacional: solo el 15% alcanzan la tercera generación, debido a la falta de preparación, tensiones internas y resistencia al cambio por parte de los fundadores.
Fragmentación de la propiedad: el reparto de acciones entre múltiples familiares puede provocar bloqueos en la toma de decisiones, discrepancias en la visión estratégica y dificultades en los procesos de financiación.
Relaciones familiares y empresariales: la cercanía entre familia y negocio demanda habilidades de comunicación y gestión de conflictos para evitar que los intereses personales socaven los objetivos corporativos.
La preservación del patrimonio familiar exige entender que cada decisión empresarial repercute en la riqueza común y viceversa. Temas como la fiscalidad, la dilución de control y la alineación de valores resultan críticos para garantizar la continuidad.
En conclusión, las empresas familiares en España combinan tradición y modernidad, demostrando una resiliencia excepcional en entornos cambiantes. Su aporte al empleo, al VAB y al tejido social es incuestionable.
La clave para asegurar su futuro radica en una sucesión planificada, estructuras de gobernanza sólidas y valores compartidos que trasciendan generaciones. Solo así podrán continuar siendo un referente de crecimiento sostenible y cohesión social.
Referencias