En un entorno empresarial cada vez más competitivo y cambiante, contar con un propósito que trascienda la transacción se ha convertido en la brújula esencial para cualquier organización. No se trata solo de vender un producto o servicio, sino de responder a un llamado a la acción inspirador que deje una huella positiva en la sociedad y en el planeta.
El propósito superior es la razón de ser aspiracional de una empresa, el “para qué” existe más allá de sus márgenes de beneficio. Según el EY Beacon Institute y Harvard Business Review, representa una razón de ser que inspira y convoca a todos los miembros de la organización a generar beneficios a la sociedad.
Lejos de ser un enunciado decorativo, el propósito define los valores, la estrategia y la forma de relacionarse con empleados, clientes y demás partes interesadas. Es el motor intangible que impulsa cada decisión, cada política y cada producto, orientando a la empresa hacia una contribución significativa al mundo.
En el corazón de la estrategia corporativa encontramos cinco elementos jerárquicos:
Mientras la misión se centra en los productos o servicios y la visión proyecta un escenario futuro, el propósito superior trasciende ambos al orientar cada acción hacia un impacto social y ambiental positivo.
Una empresa con propósito superior no solo busca rentabilidad; asume la responsabilidad de resolver problemas sociales y ambientales. Estas organizaciones reconocen que resolver desafíos colectivos y generar riqueza deben ir de la mano para ser sostenibles.
Según definiciones técnicas, estas compañías:
El resultado es un modelo de negocio que equilibra el interés público y el crecimiento económico.
Adoptar un propósito superior ofrece múltiples ventajas:
Además, sirve como hoja de ruta confiable y coherente para la toma de decisiones estratégicas, desde el lanzamiento de nuevos productos hasta las iniciativas de responsabilidad social.
Establecer un propósito auténtico requiere un ejercicio profundo de introspección y análisis. Los pasos fundamentales son:
Este proceso puede parecer sencillo en el papel, pero exige honestidad y coherencia para evitar propósitos vacíos o meramente cosméticos. Algunas organizaciones nacen con un propósito claro, otras lo descubren en su camino, pero todas deben asegurarse de que sea realista y accionable.
Una misión clara, derivada de un propósito superior, es un catalizador de crecimiento. Al articular una identidad única y un rumbo definido, las empresas establecen un entorno propicio para la innovación.
Datos recientes muestran:
Asimismo, las compañías más innovadoras crecen hasta tres veces más rápido que las menos innovadoras, con tasas de crecimiento del 62 % frente al 20,7 %.
De cara a 2025, el 60 % de las empresas espera un incremento significativo en exportaciones, ventas y generación de empleo, impulsadas por una estrategia alineada con un propósito auténtico.
El propósito superior no es un accesorio de la estrategia empresarial, sino su núcleo vital. Al definir una misión clara y aspiracional, las organizaciones no solo mejoran sus resultados financieros, sino que también generan aporte único y significativo a la sociedad.
Hoy más que nunca, los líderes tienen la oportunidad y la responsabilidad de consolidar propósitos que inspiren a sus equipos, motiven a sus clientes y transformen realidades. El impacto está al alcance: solo hace falta decidir convertir el “para qué” en el eje de cada paso hacia adelante.
Referencias