El crecimiento económico global se encuentra en un punto crítico, donde las aspiraciones de desarrollo chocan con realidades duras y limitaciones estructurales.
Las proyecciones de crecimiento mundial para 2026 oscilan entre el 2.4% y 2.7%, cifras que, aunque positivas, reflejan una desaceleración preocupante.
Este ritmo está por debajo del promedio pre-pandemia, señalando la urgencia de abordar los obstáculos subyacentes de manera efectiva.
Las cifras revelan un panorama desigual a nivel global, con algunas regiones mostrando mayor dinamismo que otras.
Por ejemplo, Asia del Sur lidera con un crecimiento esperado del 5.6%, impulsado por India.
Para España, las previsiones se sitúan entre el 1.8% y 2.3%, un crecimiento moderado que no es suficiente para mejorar sustancialmente el empleo o el bienestar.
Este escenario subraya la necesidad de estrategias innovadoras y prácticas para impulsar la productividad y reducir vulnerabilidades.
Varios elementos estructurales actúan como frenos al crecimiento, requiriendo atención inmediata y soluciones sostenibles.
La baja productividad es un desafío central para España, donde el crecimiento se sustenta más en mano de obra que en eficiencia.
Esto resulta en un PIB per cápita significativamente menor que el promedio de la eurozona.
Estos factores combinados crean un entorno donde el crecimiento acelerado parece cada vez más esquivo, pero no imposible con las acciones correctas.
La inteligencia artificial introduce efectos contradictorios en la economía, ofreciendo oportunidades y riesgos simultáneos.
Puede ralentizar la creación de empleo, especialmente para quienes buscan su primer trabajo.
Sin embargo, si se acompaña de inversión en capital humano, puede convertirse en un motor de crecimiento transformador.
En el mercado laboral, las presiones crecen debido a subidas en cotizaciones sociales y salarios mínimos.
Esto frena la contratación en sectores de baja productividad, mientras que los cambios demográficos, como el aumento de población activa extranjera, ofrecen oportunidades y desafíos para la adaptación.
Algunos sectores, como el turismo, actúan como amortiguadores económicos pero agravan tensiones sociales.
El turismo registra cifras récord en España, pero su contribución al crecimiento está perdiendo impulso.
El consumo público y la demanda interna también muestran signos de fatiga, con grandes empresas manteniendo beneficios récord a pesar de la debilidad sectorial.
Los riesgos sistémicos, como la descoordinación de políticas y la volatilidad de mercados financieros, añaden capas de incertidumbre.
La rivalidad geopolítica, especialmente entre EE.UU. y China, requiere una reconfiguración de cadenas de suministro.
Estos elementos hacen que el camino hacia el crecimiento acelerado sea complejo y lleno de incertidumbre, pero con planificación, se pueden navegar.
Frente a estos desafíos, es esencial adoptar un enfoque proactivo y basado en datos para fomentar un crecimiento sostenible.
La colaboración internacional y la inversión en innovación son clave para superar obstáculos como la deuda y la baja productividad.
Además, es crucial fomentar la resiliencia económica a través de políticas que equilibren el crecimiento con la estabilidad social.
En resumen, el desafío del crecimiento acelerado no es insuperable; requiere visión, esfuerzo colectivo y acciones concretas que inspiren confianza y progreso.
Referencias