En un mundo marcado por la polarización y la incertidumbre, el aislamiento identitario global descrito por el Edelman Trust Barometer 2026 revela un desafío sin precedentes. Tras encuestar a 34.000 personas en 28 países, el informe detecta un repliegue social que atraviesa generaciones, niveles de ingreso y geografías.
España no escapa a esta tendencia: un índice de confianza de 45 puntos sitúa al país en la retaguardia de los mercados desarrollados. Frente a este Panorama, empresas y empleadores adquieren un rol clave para revertir la crisis de fe ciudadana y recuperar esperanza compartida.
El Barómetro de Edelman identifica cuatro motores centrales que alimentan la desconfianza. Además, factores contemporáneos como la inflación y la desinformación han acelerado este fenómeno en los últimos cinco años.
Estos porcentajes muestran cómo los mercados más avanzados sienten una profunda desconexión. Lejos de ser un problema localizado, el escepticismo se extiende a economías emergentes y consolidadas por igual.
La erosión de la confianza institucional se agrava cuando un tercio de la población siente temor al engaño por parte de líderes. Solo el 39% busca activamente fuentes diversas, lo que amplifica las cámaras de eco y profundiza la brecha social.
En el contexto español, el descontento se traduce en cifras reveladoras. Aunque la confianza empresarial ha crecido en la última década, la desconfianza hacia las marcas y la desafección por la causa ambiental se intensifican ante costos de vida elevados.
Un reciente estudio de 1.400 españoles muestra que apenas el 7% cree en marcas con valores. Este efecto 20-26 refleja pérdida de sintonía: solo el 5% prioriza un consumo responsable frente a la urgencia económica.
En Andalucía, la confianza empresarial creció un 0,07% en el primer trimestre de 2026, mientras el balance de expectativas baja de 7,6 a 4,3 puntos. La brecha entre optimistas y pesimistas apenas roza el 4%, signo de un termómetro social al alza.
Frente al colapso de la fe en gobiernos e instituciones tradicionales, las empresas emergen como arquitectos de posibilidades. Con una puntuación ética de 20 puntos, superan por primera vez a las ONG y consolidan una reputación como agentes de cambio.
Especialmente el “empleador” alcanza un 78% de confianza entre sus trabajadores, muy por encima de las empresas en general (64%) y de los gobiernos (53%). Los colaboradores demandan liderazgos que combinen propósito con acciones tangibles.
Para ello, se espera que los CEO no solo guíen la estrategia, sino que también consulten valores y orígenes distintos, y que colaboren con quienes plantean preguntas incómodas. Así se siembra un ambiente de pertenencia y respeto mutuo.
La oportunidad de revertir el escepticismo requiere un enfoque práctico y colectivo. Las organizaciones deben diseñar planes que conecten con las necesidades reales de su audiencia y sus equipos internos.
Al adoptar estas prácticas, se crea un círculo virtuoso donde la credibilidad y la lealtad se refuerzan. La transparencia reduce la desinformación y la colaboración con la comunidad fortalece el sentimiento de pertenencia.
El Barómetro Edelman 2026 revela una encrucijada: la desconfianza acecha, pero las empresas y los empleadores disponen de una ventana de oportunidad única para convertirse en referentes éticos y competentes.
Actuar con apertura, empatía y coherencia no solo mitigará el escepticismo, sino que también cimentará sociedades más resilientes y unidas. En este camino, la colaboración entre instituciones, empresas y ciudadanos será el pilar sobre el que se edifique una nueva cultura de confianza.
Referencias