La crisis empresarial en España y a nivel global ha golpeado con fuerza a empresas de todos los tamaños, especialmente a pymes y microempresas. Ante un escenario de presión financiera global y acceso limitado al crédito, es esencial comprender el entorno, adoptar estrategias efectivas y reforzar la resiliencia para no solo sobrevivir, sino salir más fortalecido.
En 2024, España registró récord de quiebras empresariales en 2024 con 6.690 procedimientos, un incremento del 26% frente al año anterior, la cifra más alta en una década. Este dato sitúa a España como el segundo país de Europa en insolvencias, solo por detrás de Países Bajos.
Sectores como el financiero y el de seguros sufrieron un aumento del 72,5% en quiebras, mientras que información y comunicaciones registraron un 68,5%. Turismo, hostelería y transporte aún no han recuperado los niveles prepandemia, agravando la vulnerabilidad de estos segmentos.
Además, más del 60-80% de los concursos de acreedores involucran a autónomos y microempresas, coincidiendo con la desaparición de 19.177 pymes entre diciembre de 2024 y julio de 2025, lo que ha conllevado la pérdida de más de 60.000 empleos.
El fin de la moratoria concursal tras la pandemia y la entrada en vigor de la Ley Concursal de 2022 retrasaron quiebras en un primer momento, pero dejaron pendientes muchas insolvencias que estallaron al eliminar las ayudas. A ello se suman la inflación persistente y la subida de tipos de interés, que elevan el coste de la deuda y dificultan la refinanciación.
La morosidad, con un 85% de empresas afectadas por retrasos en cobros, limita la liquidez y reduce la capacidad de maniobra de los negocios. La débil demanda global y las tensiones geopolíticas completan un cóctel de incertidumbre y riesgo.
Los más vulnerables han sido los autónomos y las microempresas, que concentran la mayor parte de los procedimientos concursales. Con márgenes de maniobra muy reducidos, estos negocios carecen de colchón financiero para absorber shocks de tesorería o impulsar inversiones en digitalización.
El coste laboral por empleado creció de 2.555 a 2.985 euros entre 2018 y 2023, tensionando aún más las cuentas. El absentismo laboral, que alcanza un coste estimado de 32.000 millones de euros en 2025, refleja la urgencia de mejorar la motivación y bienestar de los equipos.
Aquellas empresas que han invertido en automatización e inteligencia artificial muestran mayor eficiencia y agilidad para responder a cambios. La digitalización de procesos contables, comerciales y de atención al cliente se convierte en un factor crítico de competitividad.
Adoptar tecnologías emergentes, como análisis de datos y plataformas colaborativas, permite tomar decisiones basadas en información en tiempo real, reducir costes operativos y mejorar la experiencia del cliente.
Las previsiones indican que las insolvencias seguirán creciendo en 2025, aunque podrían estabilizarse y comenzar a descender en 2026. El Banco de España estima un crecimiento del PIB del 2,4% para 2025, pero advierte de riesgos vinculados a la inflación remanente, tensiones geopolíticas y restricciones monetarias.
En el ámbito internacional, el 65% de economías analizadas reflejan aumentos similares en quiebras por el fin de apoyos públicos y la vuelta a la normalidad financiera. Este entorno global exige adoptar una visión proactiva: anticipar riesgos, innovar sin demora y cultivar una cultura corporativa sólida.
Transformar la adversidad en oportunidad es posible. Las empresas más resistentes responden con estrategias ágiles y colaborativas, invierten en talento y consolidan sistemas de gestión del riesgo. En definitiva, la clave está en convertir los aprendizajes de la crisis en motores de crecimiento sostenido.
Referencias